Se dice que el brownie nació a finales del siglo XIX en Estados Unidos cuando un cocinero olvidó añadir levadura a un pastel de chocolate. El resultado fue un postre denso, húmedo y concentrado. Con el tiempo, la adición de café se convirtió en el secreto de los maestros chocolateros: el café no hace que el brownie sepa a "moka", sino que actúa como un potenciador que desbloquea las notas más profundas y oscuras del grano de cacao.
INGREDIENTES:
200g de Chocolate semiamargo (picado).
150g de Mantequilla.
200g de Azúcar.
3 Huevos.
100g de Harina de trigo.
80g de Nuez picada.
1 cucharadita de Café soluble (disuelto en una gota de agua caliente).
PROCEDIMIENTO:
Precalienta el horno a 180°C. Funde el chocolate con la mantequilla a baño maría hasta que la mezcla sea brillante.
En un bol, bate los huevos con el azúcar hasta que espumen ligeramente. Incorpora el chocolate fundido y el café soluble.
Agrega la harina tamizada y las nueces con movimientos envolventes para mantener la densidad característica.
Vierte en un molde cuadrado previamente engrasado y hornea por 25-30 minutos. El centro debe quedar ligeramente húmedo.
El toque original: Una vez fríos, espolvorea azúcar glass. El contraste del blanco sobre el marrón intenso le da ese acabado clásico de pastelería fina.

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